Alejandro Jodorowsky buscó la iluminación en Ejo Takata:
” Me acerqué a él con amor de huérfano y sed de padre”.
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En “El maestro y las magas”: La iluminación no es una cosa. No es una meta ni un concepto. No es algo que se obtiene. Es una metamorfosis… Si el gusano pensara que la mariposa a la que da origen son alas y antenas que le crecen a él, no habría mariposa. El gusano tiene que aceptar desaparecer, transformándose. Cuando el maravilloso insecto vuela, no queda en él nada del gusano.
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Cuando tuve una inmensa pérdida, fui a ver a mi maestro budista zen Takata para que me consolara me miró con profundo respeto y me dijo una sola palabra: “Duele”, y yo, inmediatamente, comprendí no debía luchar contra mis sentimientos ni contra mi pena debía aceptar el dolor de la pérdida en mí y continuar viviendo y construyendo otra vidacomprendí que ese dolor un día sería el alimento de mi arte es todo lo que te puedo decir.
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Mi Maestro Ejo Takata me dijo: “Para estar correctamente de pie, es necesario haber caído cientos de veces. Quien no sabe caer, no sabe estar bien de pie. Quien no acepta con humildad el fracaso, no puede triunfar. Triunfar es aprender a fracasar. Para saber cuánto eres rico, cuenta cuántas deudas tienes.”
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La primera vez que vi a mi maestro Zen Ejo Takata, de inmediato me mostró una palabra japonesa escrita en el muro de la sala de meditación. La tradujo con una hermosa sonrisa: “¡Felicidad!”. Con ese solo vocablo me transmitió toda la doctrina Zen. ¿Si no te entregas a la felicidad de existir, de qué te sirve meditar días enteros?
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Alejandro Jodorowsky (C)
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